La necesidad emocional de mantener el control

29.01.2018

Actualmente nos enfrentamos a un adulto mayor que ha llegado a etapas de su vida siendo una persona muy activa. Hombre y mujeres que llegaron con otras expectativas a la tercera edad y les resulta difícil asumir que perdieron el control de sus vidas y las de sus familias.

Los adultos mayores no son niños, no son hijos de sus hijos y más allá de las ansias de protección de sus propias familias se sienten totalmente autovalentes, lo que los hace cerrar los ojos frente a sus propias debilidades.

¿Cuáles son esas debilidades? En principio no son conscientes de sus vulnerabilidades a nivel físico. Minimizan todas las complicaciones de salud propias de su edad: hipertensión, osteoporosis, artrosis, alzheimer, parkinson, entre otras dolencias. A esa edad un simple refrío o gripe pueden complicarse, pero también se encuentran algunos síntomas que derivan en problemas más graves como la pérdida del apetito, lo que los expone al riesgo de desarrollar deficiencias nutricionales y fragilidad, y eleva la perspectiva de una muerte precoz. Entre el 15% y el 30% de los adultos mayores sufren de lo que se conoce como "anorexia del envejecimiento".

Los cambios físicos asociados con la edad, como una reducción notoria del sentido de la vista, el gusto y el olfato, que hacen a la comida más atractiva, pueden contribuir a esta pérdida de interés en la comida. Así como también otras condiciones: disminución de la secreción de saliva (un problema causado por ciertos medicamentos que afecta a un tercio de los adultos mayores); constipación (que afecta hasta al 40% de los ancianos); depresión; aislamiento social (a las personas no les gusta comer solas); problemas dentales; enfermedades e infecciones; y medicamentos (que pueden causar náuseas o reducir el gusto y el olfato).

"Esto síntomas deben ser tomados en cuenta seriamente, ya que pueden derivar en problemas mayores", afirma la doctora Lucy Guerra, directora de medicina interna general de la Universidad del Sur de la Florida.

Tratar problemas dentales y otras condiciones, agregar especias a los alimentos, modificar la medicación y compartir las comidas con los demás pueden hacer la diferencia.

Pero hasta aquí hablamos de los problemas físicos que pueden contribuir a deteriorar la salud de los adultos mayores. Sin embargo ellos se niegan sistemáticamente a asumir su necesidad de cuidado. En esta negativa vamos a encontrar dos razones: una es que el adulto mayor se resiste a asumir su propia fragilidad y por otro lado está la necesidad de mantener todo bajo control. En eso se incluye la atención de sus hijos. En sus conceptos mentales vuelven a una etapa previa a la independencia de los hijos y requieren atención y apego. Para ello desarrollan conductas que no son sanas como rechazar a cuidadores, relaciones sociales diversas y obligan a sus hijos a una atención exclusiva. Incluso algunos adultos mayores en esta etapa comienzan a manifestar celos de la atención de sus hijos e hijas hacia sus propias familias. Minimizan el requerimiento de los nietos a la presencia de sus padres y critican conductas poco independientes de ellos. Esta manipulación emocional está fundamentada en la necesidad de su afirmación como cabeza de sus propias familiar y suele verse agravada generalmente luego de la pérdida de sus propias parejas.

Contribuir a una vejez sana emocionalmente es fundamental en esta etapa, ya que las relaciones que responden a presiones finalmente terminan viciándose y generando conflictos familiares, estrés y frustración, que afectan no sólo al adulto mayor sino también a todo el círculo familiar.

Para hacer frente a esta difícil etapa de la vida es necesario contar con ayuda y asesoría profesional. En mi hogar feliz pone a su disposición un equipo de profesionales altamente calificado para hacer frente junto a sus pacientes a esta situación garantizando una experiencia que no podrá olvidar.

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